Uno de los motivos más frecuentes de consulta en Atención Primaria es la frase: “Doctor, mi hijo no come”. Este hecho ocurre en el 25 – 35% de niños, presentándose alteración del desarrollo sólo en el 1 – 2%. (Alonso et al., 2007, p. 273)

Desde el nacimiento hasta los 4 meses, existe un ritmo del hambre con un patrón entre 2,5 y 4 horas. Desde los 6 meses se desarrolla el apetito y crece la necesidad de consumir otros alimentos debido al crecimiento. (Alonso et al., 2007, p. 275). Es el apetito el que regula la ingesta de alimentos; y, al menos en los niños, lo hace de forma adecuada de acuerdo a sus necesidades, ellos no tienen idea de cuánto ni cuando deben comer. (González, 2005, p. 5). No conocen (ni necesitan conocer) las recomendaciones del Pediatra, ni las de la Organización Mundial de la Salud, ni lo que come el hijo de la vecina.

La «inapetencia» es un problema de equilibrio entre lo que un niño come y lo que su familia espera que coma; cuando no come lo que la madre espera que coma, ella tiende a creer (ó le hacen creer) que ella tiene la culpa: que no ha preparado adecuadamente la comida, que no ha sabido dársela, que no ha educado bien a su hijo. (González, 2005, p. 7) …Por otra parte, tiende a tomárselo como un asunto personal donde a veces se ve envuelta en un falso conflicto emocional. En vez de plantearse en sencillos términos de: ¿Tiene hambre/no tiene hambre? A diferencia de la madre, para él bebe, él si sabe comer; deberíamos fijarnos y aprender de ellos; sin embargo, cuando la madre le sigue dando más comida él no puede entender que ella “cree hacerlo por su bien”. Sólo sabe que la persona a la que más quiere en el mundo, la única persona en la que puede confiar parece haberse vuelto contra él cuando intenta obligarle a comer todavía más, la suave insistencia del principio, termina en que el niño intenta defenderse lo mejor que puede, pronto se convierte en gritos, llantos, cerrando la boca, vomitando. (González, 2005, p. 8,9)

Para su tamaño, su hijo come mucho más que usted. Muchísimo más. Los bebés comen, en relación con su tamaño, mucho más que los adultos (González, 2005, p. 12). Eso significa que, en el proceso de hacerse adultos, tarde o temprano tendrán que empezar a comer menos. Los niños suelen «dejar de comer», aproximadamente, al cumplir el año. El motivo de este cambio alrededor del año es la disminución de la velocidad de crecimiento. En el primer año, los bebés engordan y crecen más rápidamente que en ninguna otra época de su vida extrauterina. Durante el segundo año, en cambio, el crecimiento es mucho más lento. Así tenemos que, de los tres principales factores del gasto energético son: la energía necesaria para moverse que aumenta, y la necesaria para mantenerse con vida también aumenta, porque el niño es más grande. Pero la energía necesaria para crecer disminuye de forma espectacular, y el resultado es que el niño necesita comer lo mismo o menos. Los padres, no informados de este hecho, se hacen un razonamiento aparentemente lógico: «Si con un año come tanto, con dos comerá el doble». Resultado: una madre intentando dar el doble de comida a un niño que necesita la mitad o menos.  (González, 2005, p. 14,)

Uno de los errores más frecuentes es creer que «la leche, al igual la de la alimentación complementaria líquida o semilíquida no alimenta», cuando en realidad su contenido en calorías y proteínas es muy alto. (González, 2005, p. 25,)

Para no tener conflictos desde el principio, lo principal es fiarse de su hijo. Su hijo sabe si tiene hambre, el reloj no. Cómo evitar la negativa a comer

  1. No forzar al niño a comer amenazándole con castigos, prometiéndoles recompensas o haciéndole payasadas.
  2. No prolongar la comida más de media hora.
  3. No ofrecerle nuevamente el plato una hora después, ya que el niño tendrá menos hambre en la siguiente comida.
  4. Si rechaza el plato principal, insistir 5 minutos más y después pasar al postre. Es inútil privarle de éste, ya que estaríamos dándole demasiada importancia al postre.
  5. No preparar otro plato en sustitución del que rechaza y esperar unos días antes de servirlo de nuevo.
  6. No mezclar disimuladamente el alimento que rechaza con otro que le guste.
  7. No mostrar inquietud ante un rechazo temporal, ya que el niño abusará de este poder.
  8. No llenar en exceso los platos.
  9. Si es preciso, espaciar más las comidas.

(Alonso et al., 2007, p. 276)

Como casi todos los problemas, los conflictos con los niños en torno a la comida son mucho más fáciles de prevenir que de tratar. Sencillamente no obligue a comer a su hijo. No le obligue jamás, por ningún método, bajo ninguna circunstancia, por ningún motivo. (González, 2005, p. 48).

Podríamos sugerir a aquellas madres que sufren por el tema de que los niños no comen y sin embargo no se observa que tengan diferencias significativas en sus pesos (se recomienda tener una báscula en casa y monitorear su peso en estos casos) que deje de obligar a sus hijos para qué coman. ¿Qué hacer? Pues nada. Si se le deja tranquilo, seguro que dentro de unas semanas o meses volverá a comer otras cosas. (González, 2005, p. 94).  Para la mayoría de las madres, sobre todo cuando llevan años de lucha en torno a las comidas, resulta muy difícil hacer este cambio, dejar de obligar a sus hijos. Todos los cambios son difíciles. Y el asunto de la comida es especialmente angustioso. Los primeros días en que intentan no obligar a sus hijos, tienen que salir a llorar a otra habitación o piensa, honestamente, que su hijo no comería si no la obligara. Piensa que cogería una anemia, o incluso que «se moriría de hambre». Para enfermar gravemente, su hijo tiene primero que perder peso. Mucho peso, muchos niños pierden un cuarto de kilogramos en dos días y lo vuelven a recuperar antes de una semana, sin ningún problema. (González, 2005, p. 43).

Finalmente, todo lo anterior son información y recomendaciones básicas para que no se preocupe mucho si su hijo no come lo que usted espera que coma, todo esto es si el niño no presenta ningún tipo de enfermedad ó patología, este blog sólo aplica para que aquellos niños totalmente sanos y que usted como madre cree que algo está mal.

Bibliografía

  1. Alonso, Mª Agustina; Castellano, Germán; Alonso, Margarita; Cobaleda, Ana; Almudena, Hernán; Dalmau, Jaime;… Román, Enriqueta. (2007). Manual Práctico de Nutrición en Pediatría. Madrid. Sacado de la página: http://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/manual_nutricion.pdf
  2. González C. 2005. MI NIÑO NO ME COME. Consejos para prevenir y resolver el problema. Madrid. Sacado de la página web. https://docs.google.com/viewerng/viewer?url=http://9meses.org/beta/files/Carlos-Gonzales_Mi-nino-no-come.pdf

Por: Sandra Marcela Suarez Padilla, Ing. de Alimentos

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